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domingo, 25 de febrero de 2024

Torre de la iglesia de San Pedro

     

    Es la más antigua de las torres mudéjares turolenses. Responde al modelo torre-puerta, ya que en su planta inferior se abre un paso abovedado de cañón apuntalado que permite la circulación viaria.





    Se encuadra dentro de las torres mudéjares de estructura cristiana formada por una única torre exterior de planta rectangular y dividida en tres estancias superpuestas.

      Su decoración exterior, sobria y elegante, presenta la típica ornamentación mudéjar basada en cerámica vidriada y ladrillo. 







    En la cara oeste de la torre, al ser más ancha, el friso de esquinillas también se alarga llegando hasta las 22. Aquí no se completa con fustes cerámicos entre los huecos, seguramente por no haberse repuesto en la restauración, ya que es de suponer que sí los tenía en origen. La torre se levanta sobre dos grandes machones rectangulares, uno de ellos prácticamente empotrado en el muro de la iglesia y otro, con forma de talud hacia el exterior, ha quedado exento al derribarse los edificios anexos. Las jambas del paso bajo la torre están revestidas de piedra sillar hasta el arranque de la bóveda delimitado por una imposta de tipo clasicista lo que denota tratarse de una actuación posterior, seguramente debida a la descomposición del ladrillo por la humedad de capilaridad ascendente del suelo.




    El pasaje cubre con bóveda de cañón apuntado con sus frentes a base de doble rosca. El intradós de la bóveda está enlucido. A partir de la imposta sigue el primer cuerpo hasta una sencilla cornisa formada por ménsulas en voladizo que sirve de paso al cuerpo superior. Este cuerpo inferior es ligeramente más ancho en la parte baja que en la superior.





    Desde el interior de la torre de san Pedro se accede al ándito, un elemento arquitectónico que rodea la iglesia por el exterior, desde el que se pueden apreciar los detalles del exterior de la torre, las vidrieras y el rosetón de la iglesia, así como la reforma de la puerta de la misma fechada en el siglo XVIII.

lunes, 7 de mayo de 2018

La Cerámica de Teruel

                                                                    



  


La cerámica tradicional turolense, aparece entre los siglos XIII y XIV. Estamos en el inicio de una auténtica cerámica mudejar; cerámica que vendrá desarrollándose de igual manera en los siglos venideros.








    La cerámica de Teruel, se presenta como una de las pocas en las que se incluyeron todas las especialidades del barro, desde la cantería y la ollería a la producción de vajillas y azulejos, no faltando la tejería. Estas formas de artesanía, se han ido conservando a través de los tiempos, como consecuencia de la permanencia en nuestro país, y en la capital turolense, de muchos maestros azulejeros de tradición.



    Alrededor de la arcilla y la cerámica se desarrollaron una serie de oficios que participaban en el proceso de su fabricación. Estos oficios ocuparon a una importante parte de la población y fue común que sus operarios se asentaran en torno al lugar en el que realizaban la actividad, lo que dio origen a algunos barrios. Ya en el Fuero de Teruel se regulaban de manera bastante precisa las medidas y las normas de calidad de las distintas piezas que se producían.

    El proceso comenzaba con la extracción de la arcilla en los abundantes yacimientos que bordean la ciudad y continuaba con el acarreo de la materia prima hasta los alfares. Allí se refinaba, se amasaba y se elaboraban las piezas a base de moldes o del torno, según a lo que fueran destinados. Tras los procesos de barnizar, decorar y hornear en distintas etapas, las piezas elaboradas pasaban a la venta.

   






Es frecuente encontrar en la decoración de la cerámica turolense motivos como animales fantásticos, cenefas a base de dibujos geométricos, peces, pájaros con moñote, vegetales y otros. En los barnizados se han venido utilizando una mezcla acuosa con fórmulas específicas de cada artesano a base de estaño, plomo, sílice… Para obtener los colores verdes, morados o azules, que fueron los más habituales, se utilizaban óxidos de cobre, hierro, manganeso o cobalto.



domingo, 23 de febrero de 2014

La leyenda de las torres mudéjares de Teruel



         El mudéjar fue un arte que se desarrolló en los reinos cristianos de la España medieval, pero que era obra de los artesanos mudéjares, es decir, musulmanes que se habían quedado en los territorios reconquistados pero mantenían su fe y buena parte de sus costumbres.

         Estos artesanos desarrollaron un estilo arquitectónico que incorporaba referencias del gótico en aquel momento en boga en la Europa cristiana, pero que incluía también sus propios elementos de tradición musulmana.

    












    Otra característica muy destacada es el uso de materiales considerados pobres: se desecha la piedra, que era la base casi exclusivo para la construcción en la época de torres e iglesias, y se usan el ladrillo y los azulejos. Además, de la necesidad se hace virtud y con estos materiales se diseñan elementos decorativos sencillos, pero de una belleza muy especial.




         Cuatro torres -además de la techumbre y el cimborrio de la Catedral- forman lo más destacado del conjunto mudéjar de Teruel.












        Dos de ellas unen a su belleza arquitectónica y a su valor histórico un encanto extra: son las protagonistas de una de las más hermosas leyendas de una ciudad que, como Teruel, está llena de leyendas.
       Son las del Salvador y San Martín, y como suele ser el caso en estos asuntos, se trata de una historia de amor, y como no podía ser menos, con un componente trágico.






















La historia de Zoraida, Omar y Abdalá
        La leyenda de las torres del Salvador y San Martín nos lleva al Teruel del S XIII por el que dos grandes amigos, Omar y Abdalá, caminaban despreocupados sin saber que su vida iba a cambiar en el instante en el que contemplaron, asomada a una ventana, a la bella Zoraida.
        Empezó entonces una competición por el amor de la joven y la amistad acabó convirtiéndose en odio. Según algunos ella les pidió que cada uno construyera una torre, según otros estaban ya trabajando en ellas, la cuestión es que el padre de Zoraida prometió la mano de su hija a aquel que acabara antes las que hoy son la Torre de San Martín y la del Salvador.
        Las torres se elevaban mientras los dos rivales las cubrían de andamiajes para que no pudiese seguirse bien desde el exterior la evolución de la obra. Había turnos que llegaban hasta la noche, multitud de obreros y un esfuerzo nunca antes visto en la ciudad.
        Omar fue más rápido, pero el día que anunció su victoria y descubrió su obra la ciudad, congregada a sus pies para contemplarla, vió no sólo una bellísima torre sino que se dio cuenta que esta, sorprendentemente,estaba ligeramente inclinada. El propio Omar, al darse cuenta del error terrible que había cometido, subió a lo más alto de su torre y se arrojó al vacío acabando con su vida.
       Del otro lado,  la torre de Abdalá se terminó unas semanas después y se mostró a todo Teruel tal y como la vemos hoy en día: tan bella como perfectamente recta y, lo que resultó sorprendente, con un notable parecido a la de San Martín.
           Por supuesto, Abdalá se casó con Zoraida, si bien la leyenda no alcanza a contarnos si fueron felices el resto de sus días o si, quizá, el recuerdo del desdichado Omar ensombreció su felicidad.
          Hoy en día la torre del Salvador es un centro de interpretación del arte mudéjar en el que se puede acceder hasta su parte superior, en lo que resulta una de las visitas más interesantes de la ciudad. Allí, desde lo alto y rodeado de campanas, se puede ver todo Teruel y uno puede incluso imaginarse la angustia de Abdalá y Omar, mientras veían crecer la obra de su rival.





       La ciudad de Teruel atesora un rico patrimonio artístico mudéjar, reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 1986, y que incluye monumentos mudéjares tan importantes como la iglesia de Santa María de Mediavilla y las torres de El Salvador, San Martín y San Pedro, con la iglesia homónima también de arte mudéjar.
         Dos aspectos principales diferencian al mudéjar de Teruel con el resto de España: la abundancia y diversidad de cerámica vidriada en la arquitectura (en el aragonés lo vemos, pero en menor medida), y la apertura a estructuras y ornamentos de tradición almohade debido a su ubicación geográfica.
         El mudéjar de Teruel  una visita obligada por su belleza y esplendor, una ciudad mágica que nos llevará hasta otra época sólo con pasearla…