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lunes, 18 de febrero de 2019

La enterrada viva de Alfambra.








    Esto sucede en tiempos en los que residía en Alfambra, con su esposa, el conde Rodrigo, que mantenía guerra contra el rey moro de Camañas.






     El relato narra la rocambolesca historia de los amores lujuriosos de la condesa de Alfambra que se enamora del rey moro. De acuerdo con un enviado del moro, finge morir al tomar un narcótico que la deja inerte durante tres días; es enterrada; rescatada por criados del sarraceno, y reanimada de su letargo, se va a vivir a Camañas con el rey.
     Un mendigo cristiano, que pedía limosna allí, la descubre, y va a Alfambra a contar al conde el hecho; éste se presenta ante la condesa con las vestiduras del mendigo para recuperarla, pero ella lo delata y entrega al moro.






     Mediante una estratagema, previamente acordada con sus soldados, es rescatado el conde, que derrota a los moros, apresa al rey y a su traidora mujer, y los condena a morir quemados en Peña Palomera.









     Los momentos de lucha entre las tropas del conde y las del rey moro de Camañas son aprovechadas por las milicias cristianas de Bueña, donde van miembros de los Marcilla, para conquistar Argente y Visiedo.








                                      Es una historia de males, guerras y de amores falsos.


sábado, 25 de febrero de 2017

Los Amantes de Teruel

" OCURRIÓ ESTE INFAUSTO ACONTECIMIENTO EN 1217, SIENDO JUEZ DE TERUEL DON DOMINGO CELADAS"...



       Cuenta la tradición que por aquel entonces vivían en Teruel los jóvenes Juan Diego Martinez de Marcilla e Isabel de Segura, descendientes de familias muy principales. La vecindad de ambas casas y el trato constante desde la infancia se convirtieron con el tiempo en un profundo amor mutuo; entonces Juan solicitó a D. Pedro Segura, padre de Isabel, la mano de su hija.

         Este, aunque estimaba las nobleza y las dotes del pretendiente, rehusó aceptar excusando su escasez de fortuna por tener hermano mayor que heredaría a su padre, según el derecho foral aragonés, en tanto él podía dotar a su hija con generosidad. Informado Juan de esta dificultad, resolvió pedir a su amada un plazo para obtener la hacienda necesaria al deseo de su padre.



      





















 Isabel le concedió cinco años y él partió a la guerra, donde combatió valerosamente en la batalla de “Las Navas de Tolosa” (1212) y “Muret”(1213).

                         

  





Durante su ausencia, D. Pedro intentó con ahínco que aceptara a otros pretendientes, pero Isabel, fiel a su promesa, no aceptó a ninguno.





Llegado a su fin el plazo y como Diego de Marcilla no regresaba, Don Pedro apremió a su hija para que se casara, y ésta, viendo que el plazo de los cinco años había pasado sin saber nada de su amante, aceptó. 





Enseguida su padre concertó la boda con un señor de Albarracín, el señor de Azagra.







 



  Entonces regresó Juan cargado de honores y riquezas, cuando Isabel pertenecía a otro señor ante Dios y los hombres.










El amante, desesperado, se reunió con su amada para despedirse de ella, rogándole, que en prenda de su imposible amor, le diese un beso con lo cual se daría por satisfecho.










Isabel, invocando su honor, lo negó y entonces, tras intentarlo de nuevo, Diego cayó muerto a sus pies.


 Enterado el marido de cuanto acababa de ocurrir, decidió llevar el cuerpo del amante a la puerta de su casa, donde al amanecer lo descubrió su padre, Don Martín de Marcilla, quien luego del natural sobresalto, transido de dolor, dispuso el entierro de su hijo en la Iglesia de S. Pedro.



                                                                                                                                                                                                                                                 





 Durante la celebración litúrgica, todos los asistentes vieron acercarse al cuerpo inanimado, a una dama encubierta que, llegando hasta él, descubrió su cara y le besó, quedando allí reclinada hasta que en el momento de iniciarse el entierro, fueron a apartarla y descubrieron que era Isabel de Segura, quien no obedecía a los ruegos de que se apartara porque estaba muerta.
     





 Ante el asombro de los presentes, y después de que el novel marido relatara lo acontecido, se decidió enterrar juntos a los dos amantes que desdichados habían sido en vida.















Isabel ya nunca más se separó de Diego.




¡Aquel último Beso los unió para siempre!








sábado, 25 de junio de 2016

EL PUENTE DEL DESPECHADO



      Cuando ya los moros habían sido dominados por los cristianos en la provincia de Teruel, convivían ambos en paz y sosiego. En la ciudad de Teruel, al otro lado del río, vivía una joven llamada Elvira, ejemplo de singular belleza, que además poseía ricas tierras en las vegas turolenses del Turia.

   Muchos eran los pretendientes turolenses que tenía, atraídos no sólo por su belleza sino también por su riqueza, pero ella, desde niña siempre estuvo enamorada de un apuesto joven turolense a quien concedió su mano y con quien se casó.

   Entre los muchos pretendientes que tuvo existió uno que, al ser rechazado por la guapa joven, quedó resentido y le juró venganza.
   Casada ya Doña Elvira, vivía feliz con su esposo, sin acordarse para nada de aquel pretendiente despechado.
   En uno de los muchos viajes que su marido hacía a la ciudad de Teruel para solucionar asuntos o visitar a sus familiares ocurrió que una noche, al regresar a su morada, fue asesinado traicioneramente por el tal pretendiente.

    Doña Elvira, muy dolorida y triste pasó el resto de sus días enlutada y sola, en recuerdo y respeto a su difunto marido. Ella misma fue la que en lo sucesivo se hizo cargo personalmente de su hacienda y negocios.
    Por tal motivo, al igual que su marido, debía frecuentar mucho la ciudad de Teruel y siempre lo tenía que hacer por aquel maldito puente en que asesinaron a su marido y que tan ingratos recuerdos le traía.


    Así es que se le ocurrió una idea: mandó construir otro puente de madera que además de acortarle el camino, le permitió en lo sucesivo olvidar aquellos malos recuerdos cada vez que iba a Teruel. Desde entonces se le conoció a este puente como el Puente de Doña Elvira.















sábado, 9 de abril de 2016

SAN JORGE, PATRONO DE ARAGÓN.

Jorge era un príncipe de Capadocia que sirvió como oficial en el ejército de Diocleciano.

Se sabe que nació en esta región de Asia Menor probablemente en el año 279 de nuestra era.

Recibió las aguas bautismales y se le impuso el nombre de Jorge, que significa hombre del campo.
Su madre, persona muy religiosa, le enseño la doctrina cristiana y le alentó en el estudio de la teología, el griego y el latín.

Su padre llamado Geroncio fue militar. A su muerte, Jorge marchó con su madre a vivir a Palestina y allí ingresó en la milicia siguiendo la vocación paterna. Muy joven accedió al grado de tribuno comiciano, es decir elegido por el pueblo.

En aquel entonces el Imperio Romano de Oriente tenía por emperador a Diocleciano y la capital en Nicomedia, donde residió Jorge. A la muerte de su madre, vende todos sus bienes heredados y reparte el dinero a los pobres.



En ese tiempo, el emperador publica un edicto de persecución a los cristianos el cual es expuesto en el palacio imperial. Jorge lo rompe y hace profesión pública de su fe, por lo que es encarcelado y sometido a varios tormentos de los cuales salía incólume hasta que finalmente fue decapitado, con toda probabilidad en el año 303. Su cuerpo, recogido por su siervo Pasícrates, fue llevado a Lydda donde se le dio sepultura, ya en tiempos del emperador Constantino, trasladado a un templo erigido en su honor y sus reliquias repartidas por todo el orbe cristiano.

San Jorge, San Chorche en aragonés, es el patrón de la comunidad de Aragón, cuya festividad se celebra el día 23 de abril como Día de Aragón.

 Cuenta la leyenda que siendo rey de Aragón Pedro I y siguiendo los deseos de conquistar Huesca de su padre Sancho I de Aragón en el año 1096 Pedro I inició la conquista de nuestra ciudad que se encontraba en manos de los musulmanes del monarca de la Taifa de Zaragoza, la lucha fue muy dura y complicada, las milicias cristianas confiaban plenamente en Dios para salir victoriosos de aquella horrible batalla.

Dios envió al sacrificado San Jorge, que descendió del cielo a caballo, portando con el una cruz granate. los milicianos tras ver la señal de Dios regresaron al campo de batalla con más energía que nunca. Los musulmanes no se creían lo que estaba pasando y fueron derrotados, abandonando el lugar rápidamente. Tras medio año de acorralamiento, Pedro I entró en Huesca.

Para celebrar tal victoria se utilizó la cruz de San Jorge en las insignias de Huesca y de todo Aragón haciendo honor a su santo que les había salvado. todavía se puede ver la cruz en el escudo de Aragón.

En 1201, Pedro II fundó la orden militar de San Jorge de Alfama en un castillo cercano a Tortosa y Jaime I apoyó la fundación de cofradías bajo la misma advocación, como las erigidas en Huesca y Teruel en la mitad del siglo XIII.

Aunque no se dio una disposición canónica al respecto, puede afirmarse que San Jorge ha sido formalmente patrono de Aragón desde la Edad Media. la catedral y el concejo de Huesca, desde principios del siglo XV, por lo menos, vienen celebrando su fiesta con solemnidad litúrgica y procesión a la ermita del santo, sita en el Pueyo de Sancho.


La leyenda del dragón convirtió a San Jorge en un caballero vencedor de la tiranía. La ciudad libia de Silca estaba domeñada por un terrible dragón que se ocultaba en un gran lago. El monstruo despedía un terrible hedor que infestaba todos los alrededores. Había que alimentarlo para que no fuese a reclamar su comida a la ciudad.

    Llegó un momento que no hubo más alimento para el dragón que los propios habitantes de Silca, quienes debían sortearse el sacrificio.

  Un día la mala suerte recayó en la hija del rey. La princesa, resignada a su destino, se disponía ya a cumplir su terrible deber, cuando apareció San Jorge. La doncella le contó la terrorífica historia y el santo caballero se enfrentó al dragón al que doblegó y entrego prisionero y moribundo a la princesa para que lo condujera a la ciudad. Cuando todos los habitantes de Silca se hubieron convertido, San Jorge mató al dragón.

   Este episodio del dragón llega a Occidente desde Siria en el siglo XI por medio de los cruzados. Simbólicamente el dragón enlaza con la idea oriental, especialmente sumerial, del gran adversario, y del caos primigenio de la cosmología mesopotámica. En el texto de la Leyenda Dorada alude a la peste, a las frecuentes y mortíferas plagas medievales.


  La idea de enemigo primordial, y de la lucha heróica desplegada contra él, está además en relación con todos los mitos solares del Mediterráneo oriental, y es por extensión la representación del enemigo de Cristo y su pueblo. Enlaza por tanto con la lucha de la reconquista en territorio penínsular y con el milagro de la Batalla de Alcoraz en tierras aragonesas.


lunes, 21 de diciembre de 2015

EL CRISTO DE LAS TRES MANOS




La iglesia del Salvador de Teruel, tiene en su interior, una imagen llena de enigmas y leyendas, El Santo Cristo del Salvador, también llamado El Cristo de las tres manos.


Es una iglesia bastante oscura, decorada con esgrafiados. En el altar mayor la imagen del Cristo crucificado que da nombre a la iglesia, de mayores proporciones que las humanas, con el rostro inclinado hacia el lado derecho, hacia el de la llaga, en el costado izquierdo le nace una mano sobre las costillas a la altura del pecho. Le sale sangre de la llaga y la de los clavos de manos y pies parece correr con gotas continuas. Un paño anudado a la cintura le cubre hasta las rodillas. La cruz es plana e imita a la madera. Por algunos rasgos podría tratarse de una imagen de la transición del románico al gótico, probablemente del S.XII.

De este Cristo se cuentan multitud de historias y leyendas, una de ellas dice que la imagen llego flotando en las aguas de los ríos Alfambra y Guadalaviar, que llegaban desbordados debido al deshielo de la nieve. La imagen se paró frente a las murallas de la ciudad y al rescatarlo los lugareños y llevarlo a la iglesia en la que se encuentra actualmente sucedió un milagro y las aguas descendieron.
Que el artista fue un ángel o un peregrino, y de esa tercera mano, se cuenta que era la de un ladrón que quiso robar a Cristo y se le quedo pegada. Otros dicen que seguramente esta imagen formo parte de un grupo escultórico que representaría un Descendimiento, del cual las otras imágenes están desaparecidas. Otros dicen que pertenecería a un tríptico, otros...
También se le llama el Santo Cristo de los Milagros o de la Misericordia.

Sea lo que sea y mezclando realidad con leyenda, se trata del Cristo más venerado de Teruel y prueba de la devoción que le profesan es la Hermandad del Cristo de las Tres Manos, que se constituyó en 1639 y todavía hoy sigue vigente.

martes, 21 de julio de 2015

EL BARÓN DE ESCRICHE DA MUERTE A LA "FIERA"



   Esta historia, verídica, ha sido contada de diferentes maneras en otros tantos romances de ciego que han circulado por todo lo largo y lo alto del reino de Aragón. 
  Tal es el número y las versiones que del heroico suceso han aparecido, que es difícil apostar por una sola de ellas como la original aunque, todas, contengan parte sustancial del suceso, al estar recogidas directamente de la voz del pueblo llano.
  La “fiera” conocía perfectamente la ruta del Barón desde su casa en la Plaza de San Juan (actual Casino), hasta la Casa Grande, ya en plena Baronía. El Barón solía subir y bajar a Teruel, desde sus propiedades, siempre llevando séquito. Por tal circunstancia la “fiera” solía conformarse con atacar a sus ganados y amedrentar a sus pastores.
  Un día, cansado de las fechorías de la “bestia” decidió acabar con ella. Para lo cual se desprendió del séquito que le acompañaba y defendía. De esta forma esperaba que “el hijo del averno” esta vez, sí, diera la cara y le acometiera.
  El encuentro tuvo lugar al pasar el de Escriche por el angosto estrecho que hay junto a la Peña el Macho, en el llamado Barranco de Río Seco. En la dura y estremecedora lucha que se desarrolló en tan solitario y apartado lugar, el Barón tenía el sol de cara y la “fiera” de espaldas, lo cual favorecía al enemigo. Sin embargo, el Barón aprovechó la desventaja haciendo que su pulidísimo espejo reflejara los rayos de sol sobre los ojos de la fiera. Aturdida la “bicha” un instante, fue aprovechado este momento de duda por parte del barón para clavarle la espada en su corazón y darle muerte.
  Terminada la lucha y alertados por la algarabía y gritos que ambos habían dado en el combate, llegaron de Valdecebro y de las masadas de la Casa Grande un sin número de gentes a contemplar la muerte de tan endemoniado animal. 
  Pero, no acabaron aquí las dichas y venturas para los de Teruel en este señalado día de San Jorge pues, el Barón, tras golpear su espada manchada en sangre sobre la Peña el Macho, hizo brotar milagrosamente de ella un agua tan pura, que los de Teruel decidieron llevarla hasta la ciudad para beneficio de todos sus habitantes.                                                                               
                                                               





  De esta forma se empezó a gestar la traída de aguas a Teruel desde la Peña el Macho y, el de Escriche, comenzó a titularse Barón. Para la importante empresa de las agua se contrató a un ingeniero francés llamado Pierres Vedel, cuyos "Arcos" son todavía la admiración de propios y extraños.  
  
  El título de Barón le fue otorgado por nuestro señor, el Rey del Aragón, en reconocimiento de tan claros servicios prestados a la comunidad. El Barón, al día siguiente, hizo de su propiedad tanto como abarcó cabalgando desde el alba hasta el ocaso. En total, la Casa Grande y doce masías con sus territorios.

sábado, 18 de julio de 2015

EL PORTAL DE LA TRAICIÓN

Portal de San Miguel 1950
Acaeció allá por el año 1360. Por aquel entonces el rey de Castilla, Pedro I “el Cruel” y el rey de Aragón, Pedro IV andaban enzarzados en plena guerra.

El ejército castellano avanzaba por Aragón saqueando y arrasando todo cuanto encontraba a su paso. Llegado a Teruel tropezó con una ciudad totalmente amurallada y perfectamente defendida. 

El asedio duró algún tiempo y muchas fueron las personas que perdieron la vida o vieron seriamente dañadas sus viviendas.

Con el paso de los días los turolenses comenzaron a sentir miedo, pero entre todos destacó uno, el juez de Teruel, el cual temiendo ser torturado e incluso pagar con la muerte, decidió establecer un pacto secretamente con el enemigo: abrirle el portal de San Miguel. 


El día tres de mayo, el día de Santa Cruz, las tropas de Pedro I entraron en la ciudad por el “Portal de la Traición” y Teruel, sin remedio, tuvo que rendirse, quedando bajo dominio castellano.

El rey castellano quedó tan satisfecho con su conquista que decidió no tomar represalias contra los turolenses, incluso les permitió que siguieran con sus costumbres.

Antes de abandonar Teruel, el ejército castellano saqueó la ciudad y se llevó consigo los pendones y banderas que los turolenses habían conseguido en nobles batallas. 

Al enterarse el rey aragonés de la escasa resistencia, el saqueo y lo que los castellanos habían usurpado, se enfadó tanto con el pueblo de Teruel que le retiró los Fueros. 

Pasado un tiempo y ante las súplicas de los turolenses, Pedro IV decidió devolverles los fueros.

Quien no perdonó nunca al juez traidor fue Teruel, tampoco pudo aplicarle justicia por haber huido con el enemigo castellano. Pero consiguió que su nombre fuese condenado al olvido borrándolo de documentos y crónicas. Así pues nunca se sabrá quien fue el tal traidor que con su cobardía cambió el nombre a una de las puertas más famosas de Teruel.

Portal de la Traición en la actualidad.


viernes, 3 de julio de 2015

El toro y la estrella en la ciudad de Teruel.




    Es el famoso Fuero de Teruel, concedido el 1 de octubre de 1171 por el rey Alfonso II de Aragón. 
    Así se inicia el texto del Fuero:

Puesto que la memoria es resbaladiza y no es suficiente para la multitud de las cosas, se hace necesario dejar constancia material de ella, a fin de que se restaure íntegramente por el escrito lo que se ha escapado del albergue del pecho por el paso del tiempo. Por esto, sea conocido por todos, presentes y venideros, que nos, Alfonso, por la gracia de Dios rey de Aragón […], hago y pueblo una villa en el lugar que se llama Teruel. Y para que los habitantes y pobladores que lleguen, habiten allí más segura y gustosamente, y otros deseen venir, les concedo y hago esta carta de población, costumbre y franqueza.



   La de Teruel es una bonita historia, que en sus inicios se basa en este magnífico fuero, uno de los más destacados e importantes de España. Es una obra un valor histórico excepcional, no tiene precedentes y primer texto legal de gran extensión redactado en la Península Ibérica. 
   Pero, como todos los lugares de importancia, en algún momento la ciudad sintió la necesidad de envolver sus orígenes en aura de leyenda, y así cuenta con un relato muy popular que narra su fundación. 







   Cuenta que acampadas las huestes de Alfonso II en el cerro que hoy ocupa Teruel, hubo de marcharse el rey urgentemente a otro lugar del reino; los caballeros que iban con él le sugirieron la conveniencia de fundar en el lugar donde se hallaban una villa para reforzar la frontera y él accedió antes de marchar. Pero los señores que habían de encargarse de realizar aquella nueva fundación dudaron sobre la elección del emplazamiento más adecuado… 

   Finalmente decidieron que escogerían aquel que la Providencia les marcara con alguna señal. Y aquella señal no tardaría en llegar. Las tropas moras de los contornos les prepararon una emboscada, enviando hacia donde estaban una enorme manada de toros con las astas encendidas. Los cristianos no solo acabaron con aquella amenaza, sino que dispersaron a los soldados enemigos, adueñándose de la margen izquierda del río Guadalaviar. Y fue entonces cuando vieron, en un alto, a uno de los toros con una luz entre las astas; quizá fuera un resto de la pez o las ramas ardientes que le hubieran colocado, pero parecía una estrella…
   Esa fue la señal que los caballeros cristianos interpretaron como un guiño de la Providencia que les indicaba el lugar donde había de estar Teruel. Y ese fue, por tanto, el lugar elegido. Por eso es por lo que hasta hoy el toro se identifica con Teruel en muchos de sus símbolos: destacadamente, en el escudo, en la bandera y en el monumento que se alza en la plaza que constituye el centro de la ciudad, el famoso Torico.




   Otra versión, que recoge por ejemplo Cosme Blasco y Val en su vetusta Historia de Teruel, afirma que, habiendo determinado el rey y sus caballeros la fundación de una ciudad en la zona, divisaron un toro en un cerro, que mugía y al que seguía en sus movimientos una estrella que desde el firmamento parecía alzarse sobre su cabeza. El animal se paró en la cumbre de un cerro, siempre con el astro sobre él; y aquella visión produjo tal impresión en los cristianos que eligieron aquel lugar para la fundación que intentaban.


















  La relación de Teruel con el toro, sin embargo, podría ser más antigua que todo eso, si se atiende a la existencia de monedas romanas acuñadas con el símbolo del toro y la estrella (mejor, las estrellas, pues suelen ser dos) o a la tradición que afirma que la ciudad fue fundada, en realidad, por unos fenicios que remontaron el río Turia y que, debido a la cantidad de toros que existían en el lugar, dieron el nombre de este animal tanto al río por el que habían venido como a la población recién creada, a la que llamaron Turbao Tor-bat. El erudito decimonónico Miguel Cortés se inclinaba por aceptar esto último, afirmando haberse hallado monedas celtíberas en los contornos de Teruel en las que se veía «el buey arrodillado, en ademán de recibir las divinas influencias de la diosa Venus, representada en el lucero».