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viernes, 22 de julio de 2016

Acueducto Romano de Albarracín-Cella

   


El Acueducto Romano de Albarracín- Cella, también conocido como de Albarracín-Gea-Cella, se extiende a lo largo de tres términos municipales: Albarracín, Gea de Albarracín y Cella. Corresponde a una infraestructura hidráulica de época romana y tiene una longitud aproximada de 25 kilómetros, a través de los cuales se abastecía de agua del río Guadalaviar, a un núcleo de población que existió en el actual emplazamiento de Cella y que debió tener una cierta importancia industrial, pese a que desconocemos su nombre romano. Es sin duda una de las obras públicas hidráulicas más importantes del Aragón romano.

Tramo I Azud del Albergue de Albarracín: aunque el azud es moderno, por las cotas de altitud, por el trazado y por los restos del acueducto, la captación de aguas para el acueducto romano debía de realizarse en un punto muy cercano a este azud.  Esa captación de agua se haría mediante una pequeña presa en la orilla izquierda del río.  Probablemente la construcción de la carretera A-1512 destruyó en su día el primer tramo del acueducto desde la toma del agua hasta las galerías cercanas al castillo de Santa Croche.


Tramo II Galería de los Espejos y Túnel próximo al castillo de Santa Croche: es el primer tramo conservado del acueducto,tras un pequeño tramo a cielo abierto, semejante a una acequia, el acueducto se adentra en la montaña, con galerías excavadas en la roca, que presentan varios orificios laterales o pozos para la extracción de la tierra, aunque parte de estos fueron destruidos con la ampliación de la carretera a Albarracín, efectuada en los años 80. Las dimensiones de esta galería son considerables, con 2 metros de altura y una anchura que oscila entre 1 y 1,5 metros.

Tramo III Azud de Gea de Albarracín: aquí el acueducto transcurre excavado en la roca paralelo al cortado de la montaña sobre el río Guadalaviar . Se trata de un túnel de unos 300 metros de longitud, perfectamente conservado. Sus dimensiones máximas son de 2,25 metros de altura por 1,25 metros de anchura. Sus orificios laterales están separados entre sí por unos 11 metros. Al final del acantilado, coincidiendo con el límite entre los términos de Gea y Albarracín, desaparecen de nuevo los vestigios del acueducto, que posiblemente atravesaría la loma para desembocar en el llamado Barranco de los Burros.

Tramo IV Barranco de los Burros: quizás sea el tramo más espectacular de este acueducto por su adaptación al terreno y por la belleza de este estrecho barranco. Lo curioso del trazado es que en vez de utilizar arcos para salvar el barranco, los constructores mantuvieron la cota de nivel e inclinación y continuaron la curva del barranco excavando en la roca.



Tramo V Cañada de Monterde y Las Hoyas: en este tramo el acueducto todavía es subterráneo y se pueden observar los pozos de ventilación que en algunos casos tienen gran profundidad. Su perfecta alineación hace suponer que servirían como pozos de aireación a la vez que permitían la extracción de tierras procedentes de la excavación del acueducto.

Tramo VI La Tejería: aquí se pueden observar los dos últimos pozos del acueducto antes de que este saliera a cielo abierto cerca de Cella.  A partir de aquí el acueducto transcurrirá a cielo abierto por el barranco de Rubiol y estará realizado de manera artificial con un canal cuyos muros estarán hechos con mampuesto y argamasa.

Tramo VII Las Eras de Cella: durante 2 kms el canal del acueducto transcurre a cielo abierto, excavado sobre la roca a una profundidad de un metro y una anchura de 0,60 metros; se pueden observar distintos tramos del acueducto a cielo abierto recuperados en los últimos años.

Tramo VIII Casco urbano de Cella: es el final del acueducto; se desconoce dónde estaba el el depósito de distribución de agua por la ciudad, pero se han encontrado los restos de una gran cisterna recubierta con mortero hidráulico de 15 x 13 x 2,3 metros y una capacidad de 487,5 m3 de agua cerca de la plaza Mayor.



sábado, 25 de junio de 2016

EL PUENTE DEL DESPECHADO



      Cuando ya los moros habían sido dominados por los cristianos en la provincia de Teruel, convivían ambos en paz y sosiego. En la ciudad de Teruel, al otro lado del río, vivía una joven llamada Elvira, ejemplo de singular belleza, que además poseía ricas tierras en las vegas turolenses del Turia.

   Muchos eran los pretendientes turolenses que tenía, atraídos no sólo por su belleza sino también por su riqueza, pero ella, desde niña siempre estuvo enamorada de un apuesto joven turolense a quien concedió su mano y con quien se casó.

   Entre los muchos pretendientes que tuvo existió uno que, al ser rechazado por la guapa joven, quedó resentido y le juró venganza.
   Casada ya Doña Elvira, vivía feliz con su esposo, sin acordarse para nada de aquel pretendiente despechado.
   En uno de los muchos viajes que su marido hacía a la ciudad de Teruel para solucionar asuntos o visitar a sus familiares ocurrió que una noche, al regresar a su morada, fue asesinado traicioneramente por el tal pretendiente.

    Doña Elvira, muy dolorida y triste pasó el resto de sus días enlutada y sola, en recuerdo y respeto a su difunto marido. Ella misma fue la que en lo sucesivo se hizo cargo personalmente de su hacienda y negocios.
    Por tal motivo, al igual que su marido, debía frecuentar mucho la ciudad de Teruel y siempre lo tenía que hacer por aquel maldito puente en que asesinaron a su marido y que tan ingratos recuerdos le traía.


    Así es que se le ocurrió una idea: mandó construir otro puente de madera que además de acortarle el camino, le permitió en lo sucesivo olvidar aquellos malos recuerdos cada vez que iba a Teruel. Desde entonces se le conoció a este puente como el Puente de Doña Elvira.















sábado, 18 de julio de 2015

EL PORTAL DE LA TRAICIÓN

Portal de San Miguel 1950
Acaeció allá por el año 1360. Por aquel entonces el rey de Castilla, Pedro I “el Cruel” y el rey de Aragón, Pedro IV andaban enzarzados en plena guerra.

El ejército castellano avanzaba por Aragón saqueando y arrasando todo cuanto encontraba a su paso. Llegado a Teruel tropezó con una ciudad totalmente amurallada y perfectamente defendida. 

El asedio duró algún tiempo y muchas fueron las personas que perdieron la vida o vieron seriamente dañadas sus viviendas.

Con el paso de los días los turolenses comenzaron a sentir miedo, pero entre todos destacó uno, el juez de Teruel, el cual temiendo ser torturado e incluso pagar con la muerte, decidió establecer un pacto secretamente con el enemigo: abrirle el portal de San Miguel. 


El día tres de mayo, el día de Santa Cruz, las tropas de Pedro I entraron en la ciudad por el “Portal de la Traición” y Teruel, sin remedio, tuvo que rendirse, quedando bajo dominio castellano.

El rey castellano quedó tan satisfecho con su conquista que decidió no tomar represalias contra los turolenses, incluso les permitió que siguieran con sus costumbres.

Antes de abandonar Teruel, el ejército castellano saqueó la ciudad y se llevó consigo los pendones y banderas que los turolenses habían conseguido en nobles batallas. 

Al enterarse el rey aragonés de la escasa resistencia, el saqueo y lo que los castellanos habían usurpado, se enfadó tanto con el pueblo de Teruel que le retiró los Fueros. 

Pasado un tiempo y ante las súplicas de los turolenses, Pedro IV decidió devolverles los fueros.

Quien no perdonó nunca al juez traidor fue Teruel, tampoco pudo aplicarle justicia por haber huido con el enemigo castellano. Pero consiguió que su nombre fuese condenado al olvido borrándolo de documentos y crónicas. Así pues nunca se sabrá quien fue el tal traidor que con su cobardía cambió el nombre a una de las puertas más famosas de Teruel.

Portal de la Traición en la actualidad.


domingo, 2 de marzo de 2014

CIGÜEÑAS

Hay un refrán que dice: "Por San Blas, la cigüeña verás."

Esta vez no ha sido "por" sino "en " San Blas, localidad de Teruel.