sábado, 21 de septiembre de 2019

LA VUELTA AL MUNDO-500 AÑOS



         La primera vuelta al mundo es quizás la mayor aventura marítima de todos los tiempos, una proeza técnica y humana cuyo dramatismo supera los límites de la imaginación, pero sobre todo -y este hecho queda a veces oculto tras la sensacional aventura- es un acontecimiento clave en la historia, es el epílogo de una serie de viajes oceánicos que partiendo de la Península Ibérica revolucionaron el conocimiento humano y crearon las bases del mundo moderno, es el símbolo de una época en la que la voluntad, la audacia y el ansia de conocer del hombre se imponen al miedo y a los vacíos de lo desconocido, pero es también un símbolo del plus ultra, de la actitud del hombre de todas las épocas ante la frontera y los desafíos de la exploración. La primera vuelta al mundo es, en sí, una metáfora de todos los viajes: desde los grandes desafíos colectivos a los pequeños retos individuales.




     La expedición de Magallanes y Elcano fue una expedición marítima del siglo XVI financiada por la Corona española y capitaneada por Fernando de Magallanes. Esta expedición, al mando de Juan Sebastián Elcano en su retorno, completó la primera circunnavegación de la Tierra de la historia.
     La expedición tenía el propósito de abrir una ruta comercial con las islas de las especias por occidente, buscando un paso entre el océano Atlántico y el océano Pacífico.  
    Estaba formada por cinco naves que partieron de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519. 
    La escuadra, después de haber explorado durante meses el litoral americano al sur de Brasil, logró cruzar el estrecho de Magallanes el 21 de noviembre de 1520. En su travesía por el Pacífico llegó a las islas Filipinas, donde, el 27 de abril de 1521, muere Fernando de Magallanes en la batalla de Mactán. 
    Los expedicionarios continuaron la navegación hasta las islas Molucas, objetivo de su viaje, donde eligieron a Juan Sebastián Elcano para capitanear el viaje de regreso. 
    Navegando hacia el oeste por el océano Índico y dando la vuelta a África, el 6 de septiembre de 1522 la Victoria, única nave que quedaba en la expedición, retornó a Sanlúcar de Barrameda con su carga de especias, convirtiéndose en la primera embarcación de la historia en dar la vuelta al mundo.


martes, 4 de junio de 2019

Elementos de una iglesia

Es un juego de cartas para colorear e identificar los elementos de una iglesia. Está indicado para los alumnos de 1º de primaria.


domingo, 24 de febrero de 2019

Los Arcos de Teruel



     El núcleo originario de Teruel se asienta sobre un pequeño cerro. Pronto creció la población, siendo necesaria la ampliación de la ciudad en la Edad Media en arrabales extramuros.

      El Acueducto de los Arcos o Traída de las Aguas de Teruel es una de las obras de ingeniería más relevantes del Renacimiento español. Su construcción obedeció a la necesidad de mejorar el suministro de agua a la ciudad de Teruel, que hasta ese momento dependía de los grandes aljibes construidos en el último cuarto del siglo XIV en la actual Plaza Carlos Castel y de varios pozos y aljibes más pequeños distribuidos por otros puntos del casco urbano. 


         En 1551 el Concejo de Teruel encargará el reinicio de la construcción de la Traída de Aguas a Pierres Vedel, arquitecto de origen francés que había concluido con éxito el complicado recalce de la Torre mudéjar de San Martín. 


      Pese a las dificultades, las obras fueron a un buen ritmo y en 1552 ya se había completado el tramo existente entre la Peña del Macho y el Carrel. Para salvar el barranco que delimitaba por el Noreste la Ciudad, último gran obstáculo orográfico, Vedel diseñó Los Arcos, estructura que da nombre a toda la Traída.




      Esta emblemática construcción es de clara inspiración clásica y aúna magistralmente su carácter utilitario (acueducto y viaducto) con el representativo. Consta de dos niveles, el superior de seis arcos y el inferior de dos.





        Este acueducto para la traída de aguas a la ciudad desde la Peña del Macho, sirvió también como viaducto para comunicar estas dos zonas, al permitir el acceso a los peatones, por un nivel intermedio. Es una verdadera obra de ingeniería a la vanguardia de las que se realizaron en su tiempo.





       El acueducto de los Arcos es una obra renacentista con 150 arcadas, realizada por Pierres Vedel (1537-58) siguiendo las pautas del Fuero de Teruel, así que cumple las funciones de abastecimiento de agua potable y del tránsito peatonal sobre el gran barranco que separa a la ciudad del arrabal.








lunes, 18 de febrero de 2019

La enterrada viva de Alfambra.








    Esto sucede en tiempos en los que residía en Alfambra, con su esposa, el conde Rodrigo, que mantenía guerra contra el rey moro de Camañas.






     El relato narra la rocambolesca historia de los amores lujuriosos de la condesa de Alfambra que se enamora del rey moro. De acuerdo con un enviado del moro, finge morir al tomar un narcótico que la deja inerte durante tres días; es enterrada; rescatada por criados del sarraceno, y reanimada de su letargo, se va a vivir a Camañas con el rey.
     Un mendigo cristiano, que pedía limosna allí, la descubre, y va a Alfambra a contar al conde el hecho; éste se presenta ante la condesa con las vestiduras del mendigo para recuperarla, pero ella lo delata y entrega al moro.






     Mediante una estratagema, previamente acordada con sus soldados, es rescatado el conde, que derrota a los moros, apresa al rey y a su traidora mujer, y los condena a morir quemados en Peña Palomera.









     Los momentos de lucha entre las tropas del conde y las del rey moro de Camañas son aprovechadas por las milicias cristianas de Bueña, donde van miembros de los Marcilla, para conquistar Argente y Visiedo.








                                      Es una historia de males, guerras y de amores falsos.


martes, 18 de diciembre de 2018

Manualidades de navidad







                                                                                       

domingo, 27 de mayo de 2018

LA JUDERÍA DE TERUEL






Teruel es conocida como la ciudad del mudéjar y uno de los lugares de España donde más se extendió esta cultura. Pero junto a ésta y la cristiana, predominante en todo momento, convivieron los judíos entre el siglo XIII y el XV, cuando fueron expulsados de España.

La presencia judía en Teruel se documenta desde el siglo XIII y dura hasta su expulsión en 1492, si bien una gran parte de las familias se convirtieron al cristianismo. Tuvieron una gran influencia en lo económico y comercial, y contribuyeron al desarrollo de las otras culturas. En la actualidad apenas quedan restos de las juderías, pero éstas todavía tienen un potencial turístico importante.

Las aljamas o comunidades judías en las ciudades no eran muy numerosas, en el caso de Teruel capital se llegaron a contabilizar unas 350 ó 400 personas en su máximo esplendor, pero sí fueron fundamentales para el desarrollo socioeconómico de la ciudad, ya que conformaban una importante clase media con una gran influencia comercial y económica.

Los judíos regentaban algunos de los comercios más importantes de la ciudad, y favorecieron el comercio con todas las regiones limítrofes. Además, en su condición de banqueros prestaron grandes cantidades de dinero a las otras comunidades (cristiana y musulmana) lo que favoreció su desarrollo.




La cultura hebrea, a diferencia de la mudéjar, no dejó grandes monumentos que visitar, apenas quedan vestigios de la época. A lo sumo, un entramado de callejuelas como sucede en la capital turolense.






A finales de la década de los 70 se llevo a cabo el hallazgo de los primeros restos materiales de la propia judería, entendida como espacio social y urbanístico. Tras el hundimiento del suelo en la plaza de la judería de Teruel, ocurrido en 1978, quedaron al descubierto unos restos de cierta envergadura, construido mediante arcos fajones apuntados, tal y como se observa en la imagen así como un pequeño conjunto de lámparas rituales judaicas. 




El hallazgo correspondía a tres ejemplares incompletos de lámparas rituales o hanukiya recogidas en esas mismas fecha, elaboradas en cerámica y de cronología bajomedieval.  Se trata de un objeto ritual de carácter religioso y uso doméstico formado por nueve lámparas, utilizado durante la fiesta de Hanukah o fiesta de las Luces, que duraba ocho días durante los cuales se iba encendiendo una lamparilla cada día. 

lunes, 7 de mayo de 2018

La Cerámica de Teruel

                                                                    



  


La cerámica tradicional turolense, aparece entre los siglos XIII y XIV. Estamos en el inicio de una auténtica cerámica mudejar; cerámica que vendrá desarrollándose de igual manera en los siglos venideros.








    La cerámica de Teruel, se presenta como una de las pocas en las que se incluyeron todas las especialidades del barro, desde la cantería y la ollería a la producción de vajillas y azulejos, no faltando la tejería. Estas formas de artesanía, se han ido conservando a través de los tiempos, como consecuencia de la permanencia en nuestro país, y en la capital turolense, de muchos maestros azulejeros de tradición.



    Alrededor de la arcilla y la cerámica se desarrollaron una serie de oficios que participaban en el proceso de su fabricación. Estos oficios ocuparon a una importante parte de la población y fue común que sus operarios se asentaran en torno al lugar en el que realizaban la actividad, lo que dio origen a algunos barrios. Ya en el Fuero de Teruel se regulaban de manera bastante precisa las medidas y las normas de calidad de las distintas piezas que se producían.

    El proceso comenzaba con la extracción de la arcilla en los abundantes yacimientos que bordean la ciudad y continuaba con el acarreo de la materia prima hasta los alfares. Allí se refinaba, se amasaba y se elaboraban las piezas a base de moldes o del torno, según a lo que fueran destinados. Tras los procesos de barnizar, decorar y hornear en distintas etapas, las piezas elaboradas pasaban a la venta.

   






Es frecuente encontrar en la decoración de la cerámica turolense motivos como animales fantásticos, cenefas a base de dibujos geométricos, peces, pájaros con moñote, vegetales y otros. En los barnizados se han venido utilizando una mezcla acuosa con fórmulas específicas de cada artesano a base de estaño, plomo, sílice… Para obtener los colores verdes, morados o azules, que fueron los más habituales, se utilizaban óxidos de cobre, hierro, manganeso o cobalto.